sábado, 4 de octubre de 2008

Rafael Santos Torroella, poeta

Cuaderno de poemas de Rafael Santos Torroella
Portada de Joan Miró

Joan Miró

La luna, el reptil, el perro,
la onda, el sexo, la estrella,
el barro, la piedra, el hierro,
la mano, el ojo, la huella.

El caracol, la raíz,
el paisaje y quien lo anima,
el azadón, la lombriz,
la mesa y su pan encima.

Un punto, un punto, otro punto,
la constelación, el mar,
el hombre cierto o presunto,
el cuenco, el torno, el alfar.

El apero, la masía,
el ala, el pájaro, el vuelo,
la mujer, la noche, el día,
el diente, el garfio, el anzuelo.

Rafael Santos Torroella
(Port-Bou, 1914 – Barcelona, 2002)

Homenaje a Rafael, de todos mis tíos, aunque no de sangre, el más querido.

Más información en: La Vanguardia.

viernes, 3 de octubre de 2008

El Ángelus de Millet

El Ángelus, de Jean-François Millet (1814-1875)
Museo de Orsay, París

Recomiendo leer las reflexiones y observaciones de Rafael Argullol sobre este cuadro del pintor francés Millet. Interesante, profundo y poético.

Añadido el 13 de Enero de 2009: otra entrada muy interesante sobre este cuadro aquí.

Victoria de Samotracia

Victoria alada de Samotracia, Museo del Louvre

He aquí la protagonista principal del Museo del Louvre. La Niké de Samotracia es una de las más bellas esculturas helenísticas. Expresiva, grandiosa y exultante, esta estatua fue realizada para conmemorar una victoria naval griega.

"Tiene una altura de 245 cm y se elaboró en mármol hacia el 190 a.C. Procede del santuario de los Cabiros en Samotracia. Algunos expertos la atribuyen con cierta probabilidad a Pithókritos de Rodas. Fue descubierta en 1863 en la isla de Samotracia (Samothraki, en griego) por el cónsul francés Charles Champoiseau, un arqueólogo aficionado." (Wikipedia)

Carl Larsson (III)

Recogiendo hielo

El taller del carpintero

En la entrada anterior vimos unas imágenes hogareñas muy relajadas, y aquí tenemos dos acuarelas que muestran a sus protagonistas trabajando.

Carl Larsson (II)

El dormitorio de papá

Descanso dominical

En estas dos escenas de descanso se ve claramente que Larsson era también decorador: la habitación es la principal protagonista y los personajes, en cambio, apenas son un elemento secundario, casi ni se ven.

jueves, 2 de octubre de 2008

Carl Larsson (I)

Autorretrato de Carl Larsson (1895)

La Ventana con Flores (1894), Nationalmuseum Stockholm

Carl Larsson (28 de mayo de 1853 - 22 de enero de 1919) fue un pintor y diseñador de interiores nacido en Estocolmo, Suecia. Sus padres eran extremadamente pobres, pero gracias a uno de sus maestros consiguió entrar en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo. Después de varios años como ilustrador de libros, pasó bastante tiempo trabajando duro en París sin gran éxito.

En 1879 "cambia su suerte al conocer a la que será su musa y gran apoyo moral para el resto de su vida, la también artista Karin Bergöö; después de conocerla y casarse con ella, comienza a recibir encargos, como el de decorar el techo y las lunetas del Palacio Bolinder, en Blasieholmshammen; además, realiza varios viajes que ayudan a conformar su talante artístico, visitando sucesivamente Suecia, Italia y Londres.

En 1888 la familia Larsson se establece en la idílica Lilla Hyttnäs, una villa en Sundborn, aún hoy en pie, la cual reflejó innumerables veces en sus acuarelas, como símbolo de la felicidad familiar y de la prosperidad" que tanto contrastaba con la experiencia de su infancia.

Trabajó principalmente la acuarela, reflejando con realismo escenas amables de su vida familiar y del campo.

Descubrí a este pintor sueco hace unos pocos años, cuando una amiga le regaló a mi hija un calendario con ilustraciones suyas, que me apresuré a guardar al acabar el año. Realmente me gustan mucho sus escenas de la vida cotidiana. Me da la sensación de ser un artista sin pretensiones, sin embargo su arte me llena, me deja como un sabor de galletas recién hechas, un olor de hierba, de flores (también pintó muchos jardines)... pero no suele resultar cursi. Estas escenas idílicas tienen el peligro de ser muy almibaradas, pero creo que no es el caso de Larsson.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Ramón Gaya: pintura

Ramón Gaya, Acuarela (1973)

Pido disculpas por la mala calidad de la fotografía de esta acuarela. No la he sacado de su marco, y el cristal refleja la cámara digital. El autor me regaló este cuadro en el verano de 1973, junto con un retrato que me hizo cuando pasó unos días en la casa de mis padres en el Alto Ampurdán. Son dos barcas en la playa de Port Llançà, con el mar detrás y montañas al fondo. Para ver mejor la obra de este gran pintor, recomiendo una visita virtual al Museo Ramón Gaya en Murcia

Así como los fragmentos de El Silencio del Arte que he citado anteriormente son una apasionada oda a su maestro Velázquez –palabras profundas y quizás algo radicales, a mi parecer muy interesantes–, el estilo de su pintura, en cambio, es de una serenidad enorme. Esa mirada transparente que él admiraba en Velázquez también aparece en su propia obra. Sus palabras, habladas o escritas, podían ser muy apasionadas, pero su arte es elegante y sereno.

Cuando Ramón Gaya, Rafael Santos Torroella y mi padre hablaban de arte y de todo lo divino y lo humano, yo callaba y escuchaba, como mucho algunas veces preguntaba. Tenía 19 años y estaba estudiando Historia del Arte: era todo un privilegio poder disfrutar y aprender de esas charlas. Me alegro mucho de haber conocido a este gran artista.

martes, 30 de septiembre de 2008

Ramón Gaya: textos

Ramón Gaya

Ramón Gaya (Huerto del Conde, Murcia, 10 de octubre de 1910 – Valencia, 15 de octubre de 2005). Pintor y escritor español.

“Goya es pasión, el Greco lujuria, Velázquez inocencia, la inocencia alcanzada, realizada.
Fray Angélico también es inocente, pero su inocencia no ha sido, como la de Velázquez, alcanzada. La del Beato es una inocencia a priori, una inocencia de querubín, una inocencia que no alimenta a nadie, que no sucede.
La inocencia de Velázquez, en cambio, es una inocencia de hombre.
Goya llega muchas veces, por el camino de la pasión, a la falsedad. “Los fusilamientos de la Moncloa” es un cuadro muy apasionado, pero falso. Es casi un cartelón; tiene de cartel ese terrible afán de convencernos.
“Los fusilamientos” es un cuadro que nos necesita, que nos necesita para convencernos, y un cuadro que nos necesita no puede ser una obra profunda, sino un espectáculo, un espectáculo indecoroso.
Una obra de Shakespeare, con toda su teatralidad, no es nunca un espectáculo porque no nos necesita. Todo lo que sucede entre los personajes, aunque nosotros no estuviésemos aquí, sucedería igualmente. Se trata, pues, de una obra fatal, sin público, es decir, grande.
El Greco es todo él lujuria. ¿Cómo han podido confundirle con un místico? [...]

La sensualidad, la lujuria e incluso la pornografía pueden ser tratadas, pero no ejercidas, en una obra de arte.
Ese fue el pecado del Greco: contemplar el misticismo desde una lujuria.
Velázquez sí que fue un místico de verdad, profundo, seguro, fuerte; nada de lo que contemplan sus ojos –una gasa, una nuca, una pantorrilla, una cabellera– consiguen conquistarlo, perderlo.
A goya lo vemos hundirse en la pasión, al Greco en la sensualidad, a Velázquez en la fe.”

“Velázquez no es nunca héroe ni genio; Velázquez es simplemente la grandeza...
Siempre se creyó que Velázquez era algo así como una lente muy perfecta. Los seres terrenales, claro, no vieron en él la más mínima pasión –y la pasión es lo más alto que alcanzan esas miradas–, ni siquiera encontraron en él genio, es decir, delirio. Era, pues, un artista frío, neutral, sin pimienta, sin exaltación, sin locura, sin nada. No comprendieron que Velázquez no tenía nada de eso que ellos tanto conocen y estiman –y que son, efectivamente, los materiales que componen una gran personalidad–, porque su grandeza ya lo había quemado todo.
La grandeza quema la personalidad.”

Dos fragmentos de El Silencio del Arte, 1951. Obra Completa, Vol. 1. Valencia: Ed. Pre-Textos, 1999.

Blog recomendado: http://ramongaya.blogspot.com/

José Agustín Goytisolo

José Agustín Goytisolo con mi hija Lucía (Enero 1993)
Fotografía: Elvira Coderch

Con Nosotros

En la habitación
de al lado
en la misma habitación
que hasta hace poco
era mía
rodeada de los mismos
libros en las
mismas estanterías
mirando los mismos
cuadros sobre las
paredes mismas
toda asombro
vida ojos
amor manos
alegría
canta y juega
ríe ríe
una niña una
niña.

José Agustín Goytisolo (1928-1999)
Palabras Para Julia, Ed. Lumen

Egipto IV

Estatua de Ramsés II en Luxor
Fotografía: Elvira Coderch

Egipto III

Mercedes (izquierda) y yo en Abu Simbel
Templo de Ramsés II (Enero 1992)

Nuestra estancia en Egipto fue insuficiente: en 13 días no ves ni la mitad de lo que hay que ver, o lo ves demasiado deprisa. Pero el viaje vale la pena, crucero por el Nilo incluido.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Egipto II

Busto de Akenatón, Museo de El Cairo
Fotografía: Gérard Ducher

Akenatón o Ajenatón, llamado anteriormente Amenhotep IV, fue un faraón egipcio que vivió en el siglo XIV antes de Cristo (1353-1336). Durante sus primeros años de reinado empezó a construir templos para adorar una forma de dios-sol, el disco del sol, llamado Atón. Había sido una deidad poco conocida durante las dos generaciones anteriores a él. Akenatón y su mujer Nefertiti adoraban sólo al dios Atón, para ellos el único dios, dejando de lado el culto a todas las otras deidades egipcias, lo que no gustó a las clases dirigentes ni al pueblo egipcio. Se cambió el nombre de Amenhotep (Amón está satisfecho) por Akenatón (el que sirve a Atón).

"Además del aspecto religioso (intento de monoteísmo), el gobierno de Akenatón intentó debilitar el poder de los diversos grupos sacerdotales a lo largo del Alto Egipto y Bajo Egipto, que habían acaparado grandes riquezas, el control de extensas propiedades y un gran poder político. Para esto se valió del monoteísmo y de la creación de una nueva capital [Amarna], huyendo de la cercanía del templo de Amón.

Aunque efímera, la llamada «revolución amarniana» significó un periodo muy interesante en el arte egipcio, se pasó del hieratismo monumental a un curioso y descarnado naturalismo." (*) El faraón se representaba con sus caderas algo femeninas y su prominente nariz muy pronunciada. Las representaciones de la reina Nefertiti tienen una sensibilidad y belleza que no se había observado en las figuras hieráticas de periodos anteriores.

Tuvo seis hijas con Nefertiti, y con su mujer Tiya tuvo a Tutankamón, que le sucedió.

Fuentes consultadas: The New Encyclopedia Britannica, Volume I (15th Edition), y Wikipedia (*).