
La Adoración de los Magos (1450), de
Fra Angelico, Museo de San Marcos, Florencia.
Recuerdo cuando le conté a mi hija lo de los Reyes Magos (sí, se lo conté yo!). Su prima se acababa de enterar de lo de ratón Pérez y estaba muy disgustada, pero su madre le había prohibido decírselo a Lucía. Así que solo le dijo que sabía una cosa terrible pero que no se lo podía explicar. Estaba tan frustrada con su secreto, que al final mi hija se obsesionó, no podía dejar de preocuparse sobre qué sería. Como era unos días antes de los reyes, imaginé que se trataba de este tema, y al ver que no podía ni dormir, se lo dije yo. Muy aliviada y emocionada, Lucía me dijo: ¿Así que todos esos regalos me los compras tú?
Al día siguiente mi hija fue triunfal a decirle a su prima que ya sabía cuál era el secreto: que los reyes eran los padres. Pero resulta que ella sólo sabía lo del ratón Pérez!!! Menudo chasco.