EL POLLITO QUE NO QUERIA SALIR DEL CASCARON
La gallina pinta estaba empollando sus
huevos cuando de pronto notó unos golpecitos en un cascarón. Se levantó y vio
que aparecía el pico de un pollito por un agujero; luego la cabeza, y por fin
todo el cuerpo. Ya había nacido uno de sus pollitos. Muy contenta le cobijó
entre sus alas y esperó atentamente a que nacieran los demás. Poco a poco
fueron saliendo todos excepto uno. Este rompió una punta del cascarón y se
asomó a ver qué había fuera. ¡Menudo jaleo! ¿Qué era todo ese escándalo? Sus
hermanos no hacían más que piar y moverse torpemente a su alrededor. "Yo
me quedo aquí dentro. Ahí fuera hace frío y todos chillan mucho. Yo quiero
estar tranquilo" pensaba asustado el pollito. Pero no le dejaron en paz.
Su madre observaba impaciente el último huevo y al fin dijo: "¿Cuánto
tiempo vas a tardar en salir? ¡Venga! ¡Decídete ya de una vez!". El
pollito aún se encogió más dentro de su cascarón pues la voz de su madre le
parecía muy chillona, y no le apetecía nada salir. Los otros pollitos empezaron
a burlarse de él diciendo: "Cobarde, miedica; si te quedas ahí te morirás
de hambre".
Al pollito sólo le faltaba oír esto.
Decididamente la vida fuera del cascarón debía ser muy desagradable. Pensó que
le pediría a su madre que le diera comida por el agujero. Así no se moriría de
hambre.
Cuando la gallina oyó lo que le pedía, aún
se impacientó más, pues ella era muy valiente y decidida, y no comprendía el
temor de su hijo. Pero como no quería que pasara hambre, introdujo unos granos
de trigo por el agujero y fue a preguntarle al gallo qué debían hacer. El gallo
le dijo que no se preocupara. Si le seguían dando comida, el pollito crecería
en seguida y no cabría en el cascarón. A la gallina le pareció una buena idea y
se marchó a dar un paseo con sus otros hijos.
Mientras el gallo estaba durmiendo, se
acercó un gato hambriento al cascarón y empezó a husmear. El pollito, al oír un
ruido, se asomó a ver qué pasaba y por poco se muere del susto. Dio un respingo
dentro del cascarón y el huevo comenzó a rodar por el suelo. El gato no
entendía lo que pasaba pero lo encontraba muy divertido, y se puso a jugar con
él como si fuera una pelota. ¡Qué mareo! ¡Qué horror! El pollito no podía
resistirlo más, así que, sin pensarlo mucho, rompió el cascarón y corrió a esconderse
debajo de una hoja. Pero el gato tenía hambre y ganas de jugar; realmente aquél
pollito olía muy bien y era muy divertido. Primero jugaría con él y luego se lo
comería.
Durante un largo rato el gato se divirtió
a costa del pobre pollito, y cuando estaba pensando en comérselo, llegó la
gallina de vuelta del paseo y le atacó decidida, dándole terribles picotazos a
la vez que cacareaba con su voz chillona.
El pollito se cobijó agradecido bajo las
alas de su madre y le dijo que era la gallina mejor del mundo, que había sido
un tonto al no querer salir del cascarón.
El gallo se despertó justo cuando todo
había acabado, y al saber lo ocurrido sentenció con voz solemne: "De nada
sirve no enfrentarse a la vida. Tarde o temprano a todos nos toca
hacerlo." Y el pollito comprendió que su sabio padre tenía razón.
Autora del cuento: © Elvira Coderch.
Ilustración generada con Chat GPT.

Este cuento infantil lo escribí hace más de 30 años.
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